Enero amargo



Mientras que el año pasado cada 16 días una mujer fue brutalmente asesinada por su pareja o ex pareja, para el 2017, a tan solo 40 días de su comienzo, ya son cinco las mujeres asesinadas por violencia de género.

Las mujeres seguimos siendo las víctimas silenciosas de un sistema patriarcal donde la violencia que los hombres ejercen sobre las mujeres se justifica porque las consideran un objeto de su pertenencia, que pueden humillar, desvalorizar, maltratar y agredir física, sexual,  psicológica y patrimonialmente. En tan pocos días tenemos sucesos trágicos que lamentar: 5 mujeres fueron violentamente asesinadas en nuestro país. A esto se suma una mujer joven de 18 años que internada en un CTI víctima de las heridas ocasionadas por su ex pareja.

Pero también otros hechos han encendido luces de alarma: cinco trabajadores de Cutcsa fueron procesados por explotación sexual infantil, situación que se venía dando desde hace ya algunos años; 20 jugadoras de un reconocido cuadro de fútbol uruguayo denuncian violencia de género de parte de su entrenador a  través de una carta pública luego de que pasara más de un mes sin tener noticias de las gestiones realizadas a la interna del Club; el Intendente de Durazno arremete públicamente contra la ley de cuota que exige la incorporación de mujeres en las listas, tratando de “un puñadito” a aquellas mujeres que batallan a favor de la ley a discutirse en los próximos meses, asignándoles además un espacio de dominio sobre el sistema político.

Al mismo tiempo, en otras latitudes, las mujeres también fueron protagonistas de grandes marchas bajo la consigna “porque los derechos de las mujeres son derechos humanos”, contra las políticas del Presidente de Estados Unidos que ya en campaña electoral había deslizado comentarios machistas. La solidaridad mundial hizo que en numerosas ciudades alrededor del mundo se alzara la voz en defensa de las mujeres y la población migrante, víctimas seguras de las políticas de Estado de quien ocupará el sillón de la Casa Blanca durante los siguientes cuatro años.

Sin dudas que enero ha sido un mes amargo.

Estos acontecimientos tienen que hacernos reaccionar como sociedad. Hombres y mujeres tenemos que exigir que el feminicidio, tan visible y que nos horroriza cada vez que ocupa las noticias centrales de los medios de prensa sea tipificado como delito. Tenemos que ser responsables de la educación de nuestros niños y niñas para que crezcan en condiciones de igualdad, bajo ningún tipo de estereotipo. Demandar al sistema político, medidas eficientes para erradicar la violencia de género, con el mismo o mayor énfasis que se ha puesto en otras campañas que han dado buenos
resultados.

Y por último, ser conscientes que nuestras vidas están en riesgo. Las vidas de las mujeres están en riesgo. El desafío es gigante pero sin el compromiso cotidiano todos y todas, no hay cambio posible.

 Mariana Felártigas

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